Oigo la voz del buen pastor,
En espantosa soledad;
Llama al cordero, que en temor,
Vaga en la densa oscuridad.
Llama aún con bondad,
Quiere darte libertad;
Ven a mí, con amor,
Dice Cristo el Salvador.
¿Quién ayudar quiere a Jesús,
A los perdidos a buscar?
Difunda por doquier la luz,
Del Evangelio a predicar.
Triste desierto el mundo es
Rodeado de peligros mil;
Ven, dice Cristo, a la mies,
Trae mis ovejas al redil.